Fundación Casa Ducal de Medinaceli

En apuntes visuales

En apuntes visuales

Plano de Oca La Plaza El Palacio y el patio El invernadero La Era Los Estanques Las Fuentes La Huerta La Avenida de los tilos El Bosquecillo y el lavadero  Los jardines del Palacio

Agua, piedra y vegetación

  1. La Plaza
  2. El Palacio y el patio
  3. El invernadero
  4. La Era
  5. Los Estanques
  1. Las Fuentes
  2. La Huerta
  3. La Avenida de los tilos
  4. El Bosquecillo y el lavadero
  5. Los jardines del Palacio
 
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Agua, piedra y vegetación

"Dase en Oca la continuidad sin cortes y el ánimo suspenso, encadenado por la belleza, no sabe en donde acaba la obra del arquitecto de jardinería y en donde la del labrador, insertas una en otra, e inmersas ambas en la naturaleza más pródiga en formas y colores que hallarse pueda...". Con esta bella prosa, destinada a justificar el expediente incoado en 1945 para incluir estos históricos jardines entre los protegidos, destacaba el historiador y académico, don Javier Sánchez Cantón, el aspecto más sobresaliente de este conjunto: la unidad indisociable del agua, la piedra y la vegetación que convierte a este monumento en obra maestra de la arquitectura, la ingeniería y la jardinería.

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La Plaza

Este recinto exterior fue originariamente patio de labor del conjunto pacego, función que mantuvo hasta el tercer cuarto del s. XIX. Aunque perdida su función, conserva extraordinariamente bien sus principales elementos que configuran, en medio rural, un espacio arquitectónico culto y ordenado que con sus tres tipologías edificatorias (Capilla, Palacio y viviendas unifamiliares) escenifica en piedra las relaciones sociales existentes en el siglo XVIII. El templo que preside y cierra la plaza mediante viaducto de arcos ciegos que la unen al palacio y a la muralla del jardín, es un edificio barroco que sustituyó a la antigua ermita construida por María de Neira en el siglo XVI. Construida entre 1731 y 7152, sus trazas se deben posiblemente al arquitecto dominico Fray Manuel de los Mártires. Tiene planta de cruz griega y está dedicada a San Antonio de Padua quien preside tanto la fachada principal como el retablo del Altar Mayor.

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El Palacio y el patio

A través de un zaguán, que conserva a ambos lados sendas puertas del s. XVI coronadas por las armas de los Luaces y los Neira respectivamente, se accede al patio, espacio rodeado de edificaciones de diferentes épocas, desde el s. XVI hasta el XX. La torre actual y el cuerpo principal del palacio son producto de reformas de principios del s. XVIII completadas a fines del s. XIX con la transformación del balcón-corredor en galería y la construcción de la escalera principal. En el extremo de la inconclusa crujía Norte, una mano que apunta la dirección a seguir con una leyenda "Prosiga 1746" invita a pensar que en el s. XVIII se proyectaba un patio cerrado por edificios de idéntica altura. De los diferentes diseños que ha tenido este patio, la única constante que permanece es la fuente central trilobulada. Los parterres actuales geométricos y formalistas son obra realizada hacia 1930 por el XVI Marqués de Camarasa, completados por el XX Duque de Segorbe en las restauraciones realizadas en los últimos treinta y cinco años.

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El invernadero

Desde el patio se puede contemplar un edificio de un solo piso de planta rectangular formado por la adición de tres construcciones: dos alpendres y un invernadero que, con frente de grandes cristaleras blancas orientadas al sur y divididas por pilares de granito, es probablemente uno de los más antiguos invernaderos exentos conocidos en España. Paralelo a este edificio, se encuentra un juego laberíntico vegetal construido en boj inspirado en un dibujo del pavimento de la Catedral de Canterbury. Dada la extrema fragilidad de este espacio, por razones de conservación, este conjunto de invernadero y laberinto sólo puede contemplarse desde el patio quedando expresamente excluido de la visita pública el acceso al mismo.

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La Era

En 1929 se derribaron parte de las antiguas cuadras que cerraban el patio para comunicarlo, mediante escalera, con la era y abrir una nueva perspectiva hacia el Valle del Ulla. En esta zona destacan: el hórreo que se ajusta a la tipología característica de la comarca del Ulla, el magnífico ejemplar de abrevadero-lavadero en piedra labrada de estructura ochavada y, al fondo del camino, el Portal, ornado con las armas de Sotomayor, Moscoso, Parga y Mariñas, denominado "de Cillobre" por proceder de una propiedad familiar situada en dicha aldea.

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Los Estanques

En este espacio doblemente delimitado por un muro de piedra y otro vegetal, pretendió Andrés Gayoso desarrollar una idea conceptual cuyo significado completo hoy se nos escapa. Mandó construir dos barcas en piedra, una de guerra y otra de pesca y una figura, el señor de la sierpe, como intermediario entre los dos mundos: el de aguas calmas del estanque de arriba, hoy llamado "de las virtudes" y el de aguas turbulentas del de abajo que conocemos como "de las vanidades".

El emplazamiento de los estanques, en línea oblicua con el eje longitudinal de la crujía principal del palacio, puede parecer extraño a una mirada poco atenta y, sin embargo, responde a un doble y lógico condicionamiento: por una parte, el aprovechamiento hidráulico del río Boo que atraviesa la huerta de Oca (los estanques actuales se construyeron sobre el lugar que ocupaban un antiguo molino de agua y su correspondiente estanque, construcciones que, por el testamento de Doña María de Neira, sabemos existían como mínimo desde 1594); por otra, la situación de las torres de la capilla con las que está en eje. Esta elección de la capilla como eje no es casual y habrá que tenerla muy en cuenta en la interpretación que se haga del discurso de los estanques.

Las obras en esta zona, bastante bien documentadas en el Archivo Ducal de Medinaceli (Sección Oca), comenzaron en la segunda década del setecientos y se prolongaron durante menos de una quincena de años. En este periodo se sustituyó el antiguo estanque del molino viejo por dos estanques en fábrica de piedra separados por un dique y se trasladó el molino de agua de su primitivo emplazamiento (muy posiblemente el actual embarcadero del estanque de las vanidades) a la cabecera del estanque de las virtudes. Las plantaciones del boj que rodea el perímetro de los estanques deben datar al menos de esta época, lo que les da una edad mínima de unos trescientos años.

La sucesión de obras descritas que se producen sin solución de continuidad, pues apenas terminado un trabajo se contrata ya el siguiente, indica un plan preconcebido. Además, la preocupación que traslucen los contratos de obligación tanto por las representaciones simbólicas de las figuras pétreas, "piedras bien formadas y trabajadas de artillería [...] a punto de disparar"; "dos leones [...] sobresalientes sus blasones", como por los efectos del agua al caer, "cuya agua ha de salir de la boca de dicha sierpe [...] ha de caer sobre una pila redonda de cinco cuartas" señalan inequívocamente la intención de desarrollar un discurso muy preciso.

Parece evidente, o al menos es la hipótesis más plausible, la intención del I Marqués de San Miguel das Penas de representar el conjunto de los estanques como un barco invertido (las aguas en lugar de rodear el barco lo llenan) por el que navegan dos barcas menores jugando a una contraposición simbólica y polisémica entre la tierra y el infierno, la vanidad del mundo (representadas por la barca de guerra de abajo) y el paraíso (simbolizado por el barco de pesca de arriba), todo ello presidido por la capilla que parece flotar entre la vegetación.

Por clara que pueda parecer esta interpretación, deja al margen muchos elementos que habría que integrar en una explicación más matizada. Así, por ejemplo, nada dice de los monstruos heráldicos que adornan el barco de guerra, ni de las almenas y bolas (bombas) que rodean los estanques, ni del papel que juega el caballero de la sierpe en cuya apariencia puso el marqués especial cuidado como se deduce del contrato de obligación en el que se especifica: "[...] un gigante de tamaño y estructura de nueve cuartas de alto y todo lo demás, en proporción, con sus vestiduras y con su capa y virrete, con una sierpe al hombro en toda forma perfecta, la cual ha de servir de caño y conducto capaz para recibir toda el agua que sale del estanque de arriba al de abajo, cuya agua ha de salir de la boca de dicha sierpe [...]"

Esta figura alude claramente al mito fundador del linaje de los Neira pues según Don Servando "descienden de Darío, gran cazador, hijo de la Reina Loba y que mató una sierpe, a orillas del Río Arce, que ahora se llama Neira, de donde tomaron nombre y asentaron su solar".

Como quiera que esta reina loba está vinculada por otros mitos al Apóstol Santiago y al proceso cristianizador de Galicia, no es aventurado pensar que los estanques recogen un discurso genealógico-religioso aún por descifrar. Abunda en esta idea el hecho de que, muerto Andrés Gayoso, su hijo, Fernando Gayoso y Arias Ozores, abordara, sin solución de continuidad respecto de las obras de los estanques, la construcción de la actual capilla barroca a partir, posiblemente, del antiguo oratorio de María de Neira.

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Las Fuentes

El aspecto más destacado de Oca es la magistral conducción del agua, tanto como elemento lúdico como productivo. De entre las fuentes existentes destacaríamos por su importancia arquitectónica: La Fuente de la Mona (a) conocida así por la bestia heráldica que la adorna; la Fuente de la Trucha (b) un ejemplar barroco con elementos neoclásicos construido en 1776 y la Fuente del Monumento (c) encargada por el Conde de Amarante en 1733 al mismo cantero que trabajó las barcas de los estanques.

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La Huerta

Oca todavía conserva el doble carácter de jardín ornamental y de huerta productiva con que nació para servir al ideal dieciochesco de perfecta armonía entre utilidad y belleza. Es por ello que en su conservación, se pone especial énfasis en cuidar que junto con ejemplares de gran valor botánico o con plantaciones ornamentales, como pueda ser una colección de camelias, convivan plantaciones comerciales como los kiwis o las viñas, colecciones históricas de manzanos o una huerta con alineaciones geométricas.

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La Avenida de los tilos

Este eje tan importante del jardín es relativamente reciente, producto posiblemente de las reformas paisajísticas que François de Vié, jardinero del Palacio Real, introdujo por encargo de los marqueses de Camarasa hacia 1866. Este jardinero francés acentuó, mediante una plantación alineada de tilos cerrada por setos de boj adornados con medias esferas, un camino ya existente que comunicaba los estanques con el bosque de Guillufe con lo que seguía la tendencia del paisajismo de potenciar la integración del jardín en la naturaleza circundante.

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El Bosquecillo y el lavadero

En el último tercio del Siglo XIX el jardín se vió afectado por las reformas paisajísticas introducidas por François de Vié. Ésta es de las pocas zonas que no fueron posteriormente corregidas por Ignacio Fernández de Henestrosa, Marqués de Camarasa hacia 1930. En uno de sus ángulos se encuentra un lavadero de fines del s. XVIII cubierto por un tejado de madera a cuatro aguas que descansa sobre fustes achaflanados.

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Los jardines del Palacio

Estos jardines, cruzando de Este a Oeste el recinto intramuros en una franja de unos treinta metros lindera con la fachada del palacio, sirven de charnela entre el espacio más cerrado del patio y el abierto de los jardines y huertas. Aparecen dibujados en los primeros planos que se conservan del jardín divididos, hoy como ayer, en grandes cuadros delimitados por setos bajos de boj que albergan las especies arbóreas de mayor interés botánico por su antigüedad: Camelia reticulata, Cryptomeria japónica, tejo fastigiado, etc.