Fundación Casa Ducal de Medinaceli

La mujer barbuda

RIBERA, José de (El Españoleto) 1631 [ 126 x 194 x 9 cm. ]

Este cuadro representa a Magdalena Ventura, llamado coloquialmente "La Barbuda". Esta mujer fue invitada al Palacio Real de Nápoles por el virrey, Fernando Afán de Ribera y Enríquez, III Duque de Alcalá cuando éste supo de su existencia para ser retratada por José de Ribera, de quien era mecenas. Existe documentación que constata la realización de este cuadro cinco días antes de firmarlo y fecharlo puesto que el embajador de Venecia, en una carta de 11 de febrero de 1631, describe su estancia en el Palacio Real de Nápoles así: "Nelle stanze de V. Re stava un pittore famosissimo facendo un ritrato de una donna Abruzzese maritata e madre di molti figli, la quale hala faccia totalmente virile, con più di un palmo di barba nera bellissima, ed il petto tutto peloso, si prese gusto sua Eccellenza di farmela veder, comecosa meravigliosa, et veramente e tale" (G. de Vito 1983, p. 43). El cuadro pasó por descendencia familiar del V Duque de Alcalá a su hijo el VI Duque de Alcalá y VIII Duque de Medinaceli. El único momento en que sale el cuadro de la colección familiar es durante los años de la invasión napoleónica, cuando en 1808 el Museo de Napoleón en París se apropia de él. Luis XVIII restituyó el cuadro cinco años más tarde y aparece citado en los catálogos de la Academia de San Fernando de 1818 a 1829. No fue hasta 1829 que la familia de Medinaceli lo recuperó. La información sobre quién era el artista, quién era el patrón que le encargó el cuadro y la historia de la retratada la encontramos escrita en latín sobre unas lápidas en la parte lateral del cuadro. La inscripción titulada "el gran milagro de la naturaleza" describe como la napolitana Magdalena Ventura, de la ciudad de Accumoli, llamada Abruzzi en lengua vernácula, está retratada a la edad de 52 años.

La inscripción narra como a Magdalena desde los 37 años le había crecido una barba tan larga y espesa que se parecía más a un hombre barbudo que a una mujer que había concebido tres hijos de su marido, Felici de Amici, quién se ve también retratado. Luego la inscripción continúa con el nombre de José de Ribera latinizado, identificándose así mismo como miembro de la Orden de la Cruz de Cristo, que el Papa Urbano VIII le había concedido en San Pedro del Vaticano en 1626. También se llama a sí mismo "Poris alter Apelles", es decir el otro Apelles de su tiempo, refiriéndose al pintor de Alejandro Magno y adulando al III Duque de Alcalá comparándolo con el mítico personaje. Finalmente termina la inscripción afirmando que pintó el cuadro del natural y por encargo Virrey de Nápoles, el 16 de febrero de 1631. Se cree que Ribera seguramente conocía el cuadro que había realizado en 1603 Juan Sánchez Cotán de Doña Brígida del Rio, llamada "La Barbuda de Peñaranda". Esta iconografía sobre monstruos, enanos y personajes deformes era muy del gusto de la sociedad renacentista europea y fue muy popular en la corte de Felipe IV. También era conocido el interés de Ribera en representar personajes extraños. Para realzar el naturalismo de la escena, retrata a la mujer italiana, de apariencia misteriosa y a la vez monstruosa, asomando el pecho mientras amamanta al bebé.

También sitúa simbólicamente el detalle de una bobina de lana dentro de una concha -símbolo hermafrodita-, sobre las lápidas laterales, alude con atributos de las labores femeninas al comportamiento de una mujer. Ribera consigue transformar un fenómeno de la naturaleza que llega a ser hasta repugnante en una obra maestra admirada a lo largo de los siglos. Magdalena Ventura padecía hirsutismo, esto es, una excesiva producción de pelo, unido a una virilización que supone el desarrollo de caracteres sexuales masculinos en una mujer y que comprende, entre otros síntomas, un incremento de vello corporal y facial, así como voz grave y calvicie de patrón masculino. El III duque de Alcalá fue un coleccionista científico y llegó a reunir en su colección de la Casa de Pilatos sevillana otros retratos de enanos y gigantes, así como pinturas de otros caprichos de la naturaleza, como un toro con tres cuernos. Finalmente, esta obra es considerada como una de las obras pictóricas más curiosas de Europa y una de las más sobresalientes de la colección Medinaceli, tanto por lo curioso de su iconografía como por su soberbia calidad pictórica.


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